On Monday the iconic banana company Chiquita pleaded guilty in Washington to one count of doing business with a terrorist organization after, it says, it was forced to pay millions to paramilitary groups in Colombia to protect its operations and workers in that violent country.
According to prosecutors Chiquita paid more than $1.7 million to the United Self-Defense Forces of Colombia (or AUC) from 1997 to 2004 — a right-wing group that the AP reported “has been responsible for some of the worst massacres in Colombia’s civil conflict and for a sizable percentage of the country’s cocaine exports” — and also made payments to other such groups (including the leftist FARC) when they controlled Chiquita’s banana-growing area. The U.S. government declared the AUC a terrorist organization in September 2001, and in its plea deal Chiquita agreed to pay a $25 million fine.
That would leave us with nothing to say — if not for the jaw-dropping defense of Chiquita that CNNMoney’s Allen Wastler gave in a video on the site Tuesday, as he smugly vented about how Chiquita had been wronged.
“Talk about a raw deal,” Wastler began, adding that “this is a screaming example of how unfair our government and the whole international marketplace is to U.S. businesses.” Wastler reasonably argued that “to protect their employees, they essentially have to pay off the local thugs to leave them alone and give them a little bit of quote-unquote protection against Marxist rebels who probably would hit them too if they weren’t paid off.” But then his counterintuitive take slid off a cliff:
So that’s how you do business. And there’s plenty of places around the world where this is what you got to do to do business. You want to protect your employees, you want to get the product, okay? So because we pass a law saying you don’t deal with terrorist groups and we designate these paramilitary groups as terrorist groups, all of a sudden Chiquita’s on the hook when all they were trying to do was protect their employees and bring you bananas for your breakfast cereal.
So, by Wastler’s logic, complicity with terrorists (or brutal paramilitaries, depending on semantics) is acceptable in the name of “product”; violating U.S. law is no biggie; and Chiquita deserves our sympathy for its important contribution to our nutritional needs.
Next, Wastler complained that Chiquita’s fine represents about half of the profit its Colombian subsidiary made from 2001 to 2004 (¡pobrecita Chiquita!), was galled that the Colombian government wants to extradite some Chiquita executives, and declared that “the Justice Dept. extorted $25 million from a banana company that was just trying to protect its employees and do its job.”
We won’t engage with Wastler on the extradition issue, nor touch his intriguing history lesson of our and European nations’ old banana colonies in the Americas. Instead we’ll simply point to this quote from a U.S. attorney on the case: “Funding a terrorist organization can never be treated as a cost of doing business.”
This is the most slippery of rhetorical slopes. If Wastler thinks Chiquita has gotten “a raw deal” here, what is not OK in the name of profit?

Sobre nuestra republica
Mi nombre es Henry Giraldo, soy de San Carlos Antioquia; uno de los pueblos más violentos de Colombia. Yo nací y crecí en la crudeza de la guerra colombiana. A la edad de seis vi el primer asesinado; su cabeza con huecos de bala emanaba sangre, sangre que vi la Madre Tierra recibir generosamente. Progresivamente, como todos saben, fueron aumentando las masacres. La mayoría de los que asistieron conmigo a la primaria, fueron asesinados. Para mi la realidad colombiana es básica: vivimos en la barbarie.
En las comunidades existen conspiraciones, por parte de los grupos criminales. La gente es asesinada y solo quedan los rumores. En Colombia ya no podemos hablar de la muerte de una manera objetiva, nos rodea, pero no podemos entenderla ni enfrentarla. El desconcierto y el negativismo son derivados normales de nuestra guerra interna.
Desde mi punto de vista, la guerra perpetua, en si misma, no es el problema. Dicha guerra es uno de los síntomas de nuestra Democracia Fallida. Colombia carece de Independencia y Participación Ciudadana en los asuntos gubernamentales. Porque carecemos de la facultad para analizar y juzgar las acciones del gobierno por nuestra propia cuenta; somos fácilmente manipulados por grupos armados y asta por nuestro gobierno.
A los colombianos, especialmente a los campesinos como yo, no se nos educa sobre lo que significa ser parte de un Estado. Esperamos que nuestro gobierno funcione bien sin nuestro apoyo, y cuando fracasa lo condenamos. Hemos establecido la doble moral en nuestra relación con el gobierno; ya que no nos consideramos responsables por su fracaso. La doble moral existe, tanto en la corrupción política, como en el anhelo de un proceso de paz con grupos criminales.
Es mi posición: Que solo un gobierno confundido y sin moral política (la cual solo se deriva del apoyo ciudadano) busca un proceso de paz con un grupo criminal. Lo primero que hacemos con pedir la “negociación de paz” con un grupo criminal, es decidir que su guerra contra el pueblo colombiano tiene legitimidad. La única manera de racionalizar esta decisión es el reconocer dicho grupo como banda político-armada y no simplemente criminal. Recordemos también que, parte de la “negociación de paz” es la reinserción a la vida civil, lo cual incluye perdón de los actos criminales. Con este ultimo paso, los ciudadanos (y no solo el gobierno) le otorgamos legitimidad moral a los actos criminales.
La Paz, la Justicia y un Gobierno Saludable, son ideales que se nutren mutuamente; estos no se logran con el echo de perdonar miles de actos criminales, por el contrario, dicha negociación y perdón debilita la legitimidad de nuestro gobierno. ¿En que tipo de país se da el lujo la guerrilla de asesinar a 11 parlamentarios, y al mismo tiempo de escuchar los clamores de civiles pidiendo un proceso de paz? La paz no es algo que se negocia, la paz tiene que ser construida por los ciudadanos y el gobierno tiene que ser fuerte para velar y mantener dicha paz.
Deseo que en el desespero por “negociar la paz,” no olvidemos nuestra facultad de razonamiento. Nuestro compromiso como colombianos esta memorializado en nuestra Constitución Política. La estricta vigilancia de los actos gubernamentales, la exigencia de reformas políticas y el castigo a la corrupción política, son responsabilidades ciudadanas; y no pertenecen a grupos criminales.
Finalmente, quiero ofrecer una solución, sobre la cual los colombianos podemos comenzar a trabajar inmediatamente:
Los colombianos tenemos la responsabilidad (asumiendo que queremos existir como país-y libres) de asumir de una manera realista los Poderes y Debilidades del gobierno. En mi opinión, la guerrilla, los paramilitares y la corrupción política, no son el problema, solo son síntomas. El problema está en la manera en que asumimos nuestra colombianidad. ¿Qué significa ser colombiano? ¿Qué beneficios conlleva el ser colombiano? ¿Qué responsabilidades implica el ser colombiano? ¿Cuáles son los elementos que conllevan a la destrucción de una república? Éstas preguntas necesitan ser adecuadamente debatidas en Colombia; y necesitan ser reflejadas en nuestro sistema educativo desde la primaria.
Muchas Gracias por su atención,
Henry Giraldo
Posted by Henry Giraldo
on Fri 7 Sep 2007 at 10:42 PM